Hemos dicho muchas veces que amarnos es nuestro destino, nos amamos en vidas anteriores y seguiremos encontrándonos en vidas futuras. O tal vez no hay pasado ni futuro y todo sucede simultáneamente en las infinitas dimensiones del universo. En ese caso estamos juntos constantemente, para siempre.

Isabel Allende, El amante japonés.

 

Llega agosto, el mes de las premoniciones, los sueños y el tiempo donde para mi familia siempre han sucedido cosas, desde el sueño en que mi padre hablaba por teléfono con mi abuelo – quien ya había muerto- invitándolo a abrir un negocio en el lugar donde él estaba. Mi abuelo muere en agosto, el mes donde descubrí la muerte, con mi madre al teléfono recibiendo la noticia que ya no estaba más con nosotros, el abuelo, quien en la madrugada dos horas antes había pedido levantarse al baño para posterior volver a la cama y dar un suspiro profundo, en medio de su esposa y su hija, en la quietud de la oscuridad, tres de la mañana, en el mismo horario que once años antes yo nacía, no fue en es mismo mes, sino en marzo dos días antes del cumpleaños treinta de mi madre.

No sé que sintió mi madre cuando yo nací, pero, pienso que posiblemente tenía un poco de angustia al recibir a un nuevo integrante de su familia, no sé cuales fueron sus primeras palabras al verme, no puedo imaginar que ideas pasan por la mente cuando alguien nace. De pronto mi madre pensó en su padre, y no se si alguna vez escucho: o mio babbino caro de Puccini, pero sin duda podría haber sido algo que mi madre cantaría en ese momento o bien cantaría en los siguientes años de su vida, porque la tristeza a veces es un mal que no entiende de momentos buenos.

Llega agosto, y con este mes el tiempo se detiene, en esta segunda parte del año para dar paso a la memoria, a los pensamientos que siguen estando vigentes en mis recuerdos, llega el momento donde todas las vidas tiene permitido extrañar, donde todos tienen permitida la nostalgia de querer anhelar lo que se ha ido de las manos, lo que se conserva en el secreto, los vacíos que se vuelven incomprensión y ese deseo que le damos forma de amor cuando estamos ante la imposibilidad de lo que amamos. Todos sentimos en agosto, lo que nos está prohibido.




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