El que es melancólico tiene un exceso de reflexión, un mal de muchos pensamientos.

Robert Burton.

 

Recuerdo que por muchos años anotaba en una pequeña libreta los libros que espera alguna vez poder comprar o conseguir en este país, una anotación con tinta roja, el primero en ser imposible de conseguir fue: Anatomía de la melancolía, esperaba con una paciencia que me iba dando las lluvias muy fuerte porque debía refugiarme en un café con la intención de no volver a casa pronto, porque era en la ciudad donde buscaba permanecer, cualquier pretexto que me permitiera llegar a pagar por beber algo mientras leía me hacía olvidar lo impaciente que se volvía todo al saber que posiblemente pasarían años sin poder tener un libro; luego el cine también podía hacerme olvidar todo, era mi lugar seguro, el cine es para mi el lugar que no necesita de acompañante, desde tomar las vacaciones en los festivales de cine, una semana completa, una sola función de cine el fin de semana o un lunes donde nadie sabe como resolver la vida, yo, guardaba los tickets de las películas que más me gustaban, y muchas veces tuve quien estuviera conmigo en la sala de proyecciones y era para mí un momento fantástico, donde solo  el deseo de que la película no terminara me hacía olvidar la impaciencia de no encontrar una ejemplar del libro.

Luego fue Paranoia de Luigi Zoja  - Lo sigue siendo - , porque quería entender los estados de locura, que era tipificado como locura, por qué la gente decía que alguien estaba en un estado de locura, por lo que decidí leer: antropología del cerebro de Roger Bartra, Historia de la locura en la época clásica de Michel Focault y un libro que no hablaba tanto de la locura, pero si de las particularidades de no encajar: Anatomía de la memoria de Eduardo Ruiz Sosa, con un personaje llamado Macedonio, que se ganó mi soledad, mis tiempo de vacíos en la memoria, esas tarde donde me refugiaba en un centro comercial a comer cualquier cosas, leer y observar, ¿Te gusta observar?, las personas tiene patrones tan particulares al salir por la vida que me gustaba anotarlos y entenderlos, para saber como el mundo era tan preciso como en los libros, algunas veces las ediciones no se encuentran, y otras veces alguien que te quiere te regala un libro, y es para mi una forma de llenar las ausencias, de postergar la melancolía.

Pero hoy que la melancolía está, sin motivo, o posiblemente con mucha razón, pero trato de evadir para seguir en el cuestionamiento de respuestas al por qué de lo que hacer sentir el ver llover, las tardes como la de éste día de julio que parece un dejavú de toda mi vida, en el final de la noche, quiero dejar una breve lista de libros para leer cuando la nostalgia o la tristeza llega a permanecer una temporada:

·        Seda de Alessandro Baricco.

·        Sputnik mi amor de Haruki Murakami.

·        La tumba del marinero de Luna Miguel.

·    Un grito de amor desde el centro del mundo de Kyoichi Katayama.

·        Memoria de los días de Adolfo Ruiseñor.

 

Como te late el alma en la memoria, cuando aun las ideas no han resuelto los conflictos del espíritu, pero las palabras que dices, lees y escuchas van formando imágenes que cuidan de la impaciencia de no llegar a una respuesta, como a mi me apaciguaba un café en invierno y el cine, cuando un libro no era posible.

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