Sin otoño

 


Las pardas olas de niebla me lanzan/ retorcidas caras desde el fondo de la calle/ y arrancan de una transeúnte con faldas sucias/ una sonrisa sin destino que planea en el aire/ y se disvuole a la altura de los tejados. 

T. S. Elliot.



El otoño no llega.

Dos ojos de estrella amanecen en la bruma, y reconocen la palabra cielo en las líneas de mi boca, los ojos que son la claridad sin temporada, sin brisa, sin viento. 


Soy esa mirada de luminosa oscuridad, de primavera que pregunta: ¿cuándo se secarán sus hojas?, ¿cuándo iniciará la pesca?, cuando el olor a sal llenará las narices de los que sumergen en la madruga, para buscar la posibilidad de sobrevivir a los besos de quien se ama.


No conozco el otoño, solo el gris de la lluvia en las profundidades del miedo donde navego a oscuras, siguiendo tu voz, siguiendo el canto de las aves nocturnas que anuncian el cambio de tiempo, las que vuelven con una rama en el pico, las que saben ver el diluvio y saber que llegará el tiempo de las tierra vacía, de la sequedad, del descanso.


Necesito un descanso, de las aguas que se mecen como un corazón que palpita sangre al centro de la noche.

Necesito descanso, anclar mi barca, dormir junto a un árbol, a las plantas pequeñas, que nunca se van.

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