Buenos Aires.
Nos hemos demorado en las estancias del mar
con chicas marinas coronadas de algas rojas y pardas
hasta que voces humanas nos despiertan y nos hundimos en el agua.
T.S. Elliot.
He dejado la vida sobre una templada tarde de mayo, llena de arrepentimiento, mi silencio de hombre con soledades insostenibles.
Una mirada de turquesa va llenando de nada mis ojos, inexplicables los cielos, el vacío que sueña al rededor de la nubes , una palabra que es muda, la felicidad de la sordera porque es el movimiento el que se reconoce. En la quietud puedes leer las almas, el miedo y la incertidumbre.
Como una ciudad a la que podré ver a través de la ausencia de sonido, una niebla que disuelve entre las mano que buscan una respuesta en las voces de otras regiones sobre esta tierra.
Cómo se duerme cuando la muerte te respira en los labios, como se deja por un lado la nocturnidad de la vigilia, para escribir un camino, con alas llenas de estrellas, para navegar al centro de una respiración que da origen a al sentido de existir.
Lo hemos perdido todo, no esperamos algo.
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