Nueva Caledonia.

 Es una isla, los domingos para quienes la soledad nos baña en las madrugadas.

Hace dos días amanecí pensado que si llegara tener una hija, llevaría el nombre de Alejandra, ayer he comprado la Guerra y La Paz de Tolstoi, y resulta que la hija que lo acompaño los últimos años de vida se llamaba Alejandra.

Tolstoi y yo, somos similares en la soledad que perfora los huesos, la enfermedad invisible, que te conduce a la agonía, pero no mueres, ¿Será la soledad uno de los castigos en el infierno?

Por ahora el día es extraño, hablo poco, tengo hambre y mi cuerpo somatiza. 

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