Poema del Mar.


Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay mounstros
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.
Alejandra Pizarnik.

Querida futuro:

Hoy apago mi vida al final de un domingo, anhelando y deseando el mar como una señal de volver a reiniciar el tiempo, para dejar lo que no se quieren tener más en la vida, en el tiempo, en la memoria en los sueños, pensaba que el mar llevaba entre su espuma el olvido, esa palabra tan rulfiana que no aparece, que te congestiona la frente y repites con el deseo de volver a vivir para borrar el pasado, la memoria.
He decidido apagar el teléfono el resto del día, que llevo más de ocho horas durmiendo, para atacar el resfriado, en una tarde tan calidad donde poder caminar por las calles habría sido también una forma de cultivar los recuerdos para el futuro próximo, pero, decidí encerrarme para leer a Camus, a no responder los mensaje y encender la televisión para escuchar voces, voces y voces, en este malestar del fin de semana, que parece algo muy fuerte pero en realidad son los efectos del silencio.
¿Cuánto mar cabe en tus lágrimas? ¿Cuánto de cuánto, te preguntas cuando el silencio de desborda al ver por las ventanas de tu casa?, cuánto mas llevamos en la sed que albergamos en la oscuridad. Cuánto mar de seco, cuánto mar de ideas se construyen al rededor de observar, de imaginar, de querer, de buscar resolver sobre lo que no podemos tener en control, por eso me gusta escuchar palabras, me gusta escuchar personas repitiendo la palabra amor, la palabra enfermedad, la palabra básicamente.
Tengo tanto mar en los ojos, pero se siente como una presión azul que desborda en mis párpados, pero el mar no quiere salir de mis ojos, le gusta observar el desierto en mi piel, en mi rostro de mitad del mundo, de lago, de mundo diminuto lleno preguntas en idiomas desconocidos.
Querida futuro hoy anoto en mis soledad el color del cielo que pude ver por unos segundos porque la lluvia me cubrió por completo, y  lloré porque el frio me llego hasta lo profundo de mis manos, que ahora están tan calientes, y que parece curioso que en italiano caliente es caldo, pero el centro de mis manos se calienta como una señal de alerta, de alerta sobre la llegada del desastre, como las mariposas negras de mi madre, como el augurio de los cielos en formas ovejas, como el sueño que tuve anoche donde estaba cubierto de polvo y nadie me lo había advertido, no sé que pensar de lo que sueño, no sé que pensar de las mariposas que vienen a casa, a verme a mostrarme lo que pasa siempre en agosto, que es un mes largo, donde todos esconden sus temores para poder sobrevivir, 
Aprendí a decir no a mi futuro, a decir no al deseo de besar, de besarte, de querer una piel suave llena de lunas a mi alrededor, aprendí a sentarme solo en una silla a la hora de la comida, para observar en silencio como la comida va llenando de olores familiares, el tiempo, mis sentidos y mis deseos de saciar el hambre. Aprendí a solo escribir sin esperar respuesta, a decir lo que pienso como justo, a saber que todos tenemos dolor, pero no todos dicen como yo: me duele, me siento mal, creo que esto no va bien, también como peras, para sobrevivir, escucho música a todo volumen, para dejar de escuchar el mar que esta a 100 kilómetros de mi casa, el que soñaba a mis 15 años donde moría cubierto por una ola, que espero querida futuro, no esté en el mañana.

 

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